Estabas apoyada contra la puerta. Te pedí un cigarrillo y me pasaste un paquete arrugado. Miré dentro. Sólo hay uno, te dije. Y qué, me dijiste, ¿te da pena? Nos reímos un rato. Luego cayeron unas cuantas cervezas. Después las cosas siguieron su curso: igual de perdidos los dos, decidimos perdernos juntos.
El bar de siempre
Luis García Montero
... Y más que mis certezas valoro un contrapunto de nostalgia, esa debilidad del corazón que confía en nosotros y pone los recuerdos en su sitio.
0 Se echaron un trago:
Publicar un comentario en la entrada