Y ahora quiero llamarte por teléfono,
decirte que aunque no me diera cuenta en aquel momento,
aquello fue importante para mí.
[Quique González]
decirte que aunque no me diera cuenta en aquel momento,
aquello fue importante para mí.
[Quique González]
Era la frase que lucía en las camisetas una de las peñas. Y viene a resumir perfectamente lo que es la romería: Siempre se nos va de las manos... Aunque este año ha sido sólo un fin de semana, bastante tranquilo, tuvo su parte etílica y su parte rara.
La primera noche no le vi. Y lo peor, es que iba pensando únicamente en verle. No lo puedo evitar. Siento debilidad por Jueves. Llegué a pensar que le echaba de menos, que me había acostumbrado a pensar que ésa era su noche, que no importaba qué día fuera, porque con él, siempre sería jueves. Al final, fue una noche de fiesta, normal, sin llegar a esos extremos en los que piensas: "Vaya, yo antes tenía dignidad y ahora sólo me preocupa no caerme al subir las escaleras..."
A las 9.00 de la mañana del sábado, pensamos que era un buen momento para irnos a dormir (o al menos, a descansar un rato) porque a las 11.00 teníamos que estar en pie para prepararnos. Como siempre, se fue alargando... Y se nos olvidó que teníamos prisa.
Por fin. Sábado en el campo. Es imposible que no nos veamos.
Según pasaba el día, las charlas con la gente, los minis de kali, las risas, los helados, las mariposas, Bob Esponja, la orquesta de todos los años, los viajes para rellenar los vasos... Más pensábamos en tener que volver a Madrid en unas horas.
Sí, Jueves me saludó finalmente, al acercarse a mi grupo. Y no volvió a dar señales hasta las 2 de la mañana. Cuando la noche no podía ponerse más rara. Cuando decidió que lo mejor que podía hacer, era dar muestras del dominio que tiene sobre mí, de lo difícil que me resulta decirle que no. Pensó que era una gran idea decirme que me fuera con él, que me esperaba en la calle. Y lo más humillante, fue que lo hizo.
Yo sé lo que me pasa a mi por la cabeza cuando él está cerca. Lo que no entiendo es lo que le pasa a él. Pero esta vez no le salió bien la jugada: Dije que no. Que se fuera a su casa, que no me iba a ir con él.
¿El motivo? Alguien nuevo. Quizá me gustó por eso. Porque no tenía nada que ver con lo que ya conocía. La posibilidad de empezar de cero, de conocernos mutuamente sin tener una idea previa el uno del otro. Al final, me daba lástima volver a casa. Sí, la idea de irme con él me rondó la cabeza un par de veces. Sobre todo, cuando estábamos esperando a que le vinieran a buscar. La noche se acababa, y yo seguía mirando las estrellas. ¿Por qué no irme con él? Ser egoísta...
No lo hice, no sé si porque esas cosas no van conmigo, o por la falta de costumbre... Pero ahora me arrepiento.
Por último, está la carta de Lorenzo. Me hizo ilusión de madre recibir una carta suya. Incluso desde otro país, sigue siendo mi pequeña conciencia, que llegó a tiempo para decirme que "siempre recordaré lo que nunca hice..."

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