viernes, 31 de agosto de 2012

A modo de despedida

He necesitado pasar un mes lejos de la pantalla del ordenador para lograr escribir todo esto. Sentía que debía decir algo antes de marcharme; que le debía a alguien una explicación.


Recuerdo tu sudadera de rayas blancas y azules. Recuerdo que estábamos en el viejo intercambiador de Plaza Castilla. También recuerdo que nos vimos, y nos reconocimos. Pero no fuimos capaces de decirnos nada. Recuerdo mirarte de reojo, mientras el que era mi novio en aquel momento, me daba un beso.

Creo que es una de las imágenes que siempre tendré de ti. De nosotros. En los mismos lugares, pero en momentos distintos. Siempre fue así. 

Ese día quería llegar a casa, para hablar contigo y saber qué nos había pasado. O tal vez yo me había vuelto loca, y te había confundido con otra persona. Pero no. Nos dijimos el uno al otro que nos habíamos visto. Y poco tiempo después, empezábamos a hablar menos.

Desde aquel día, siempre que pasaba por delante de tu trabajo, miraba a mi alrededor, por si tenía la suerte de volver a encontrarte. Esta vez a solas. 

Miraba al volver de la facultad. Miraba los fines de semana que pasaba por allí. Miraba con novio. Miraba soltera. Miraba hace unos meses. Qué tontería, ¿no? Hace unos meses... Y tú ya no estabas desde hacía algún tiempo.

A veces intento cambiar mis recuerdos. Imaginar una realidad paralela, en la que, al verte, soltaba la mano de aquel chico, y me acercaba a ti. Te diría que si tú me lo pedías, me iría contigo. Que desde que te conocí, comparaba a los demás contigo. Que me habría gustado tomar la decisión que me llevara hacia ti.

Pero no lo hice.


Al cabo de unos meses, dejé a mi novio. Pero tú ya habías empezado a verte con la que durante varios años sería tu novia. Me dijiste que eras feliz, que ella era lo mejor que podía pasarte. Ahora era yo la que no quería hablar tan a menudo contigo. Pero aún seguíamos hablando.

Un día me dijiste que habías ido al médico. Que pronto empezabas con la quimio. Y que ella iba a seguir a tu lado. Me alegré de que ella siguiera contigo, y me quedé con un nudo en la garganta, que fue creciendo al ver tus fotos. Cada vez más delgado. Cada vez con menos pelo. Cada vez parecía más difícil. Cada vez tenía menos que decir.

Pero ganaste. Y yo respiré aliviada, pensando en que tú también lo estabas. En lo feliz que te debías de sentir.

No sé cuándo fue el momento exacto en que dejamos de hablar definitivamente. Pero te habías curado. Te merecías seguir adelante. Con tu familia, tus amigos, y tu novia. Así que me salí de la ecuación.

Pero seguía pensando en ti. En nuestras charlas de música, de películas que me recomendabas... ¿Cómo no voy a pensar en ti cada vez que vea a Frank? La de veces que me dijiste la frase del estúpido traje de humano... Y cuando suene Finch. Cuando suenen todas las canciones que me pasaste. Cuando suene Hora Zulú... ¿Alguna vez te acordarías tú de mí?

Pero todo iba bien. Tú estabas bien, y yo terminaba la carrera. Y el facebook me sugería que recuperase tu amistad, pero no sabía si querías volver a saber algo de mí o no. Sólo veía una foto tuya, con algo de barba y sonriendo, muy guapo, con tu chica. 

Pensé que así todo estaba bien. Que no tenía derecho a entrar otra vez en tu vida. Pero hace poco, como otras veces, me acordé de ti. Y te busqué otra vez, sólo para saber cómo te iba todo. Fue cuando me di cuenta. Vi las fechas, fotos, comentarios... Y até cabos. Y me sentí estúpida. Porque sólo habías ganado el primer asalto. Todo lo que había pasado... Y yo no había estado allí. No supe estar. No me sentía ni con derecho a estar triste. Te había imaginado tan bien... Te había imaginado una vida.

No podía dejar de mirar las fotos, de intentar sacar algo en claro. No entendía cómo había podido pasar, y haber estado al margen. Si tan importante habías sido, ¿cómo había podido alejarme tanto?

Sólo pude contárselo a dos personas. Los primeros días fueron los peores. Durante el día, pensaba en que era como escuchar una noticia ajena. Habían pasado meses, y ya no tenía contacto contigo, ni con nadie que tuviéramos en común. Nadie pudo avisarme. Ya no curioseaba por tu fotolog. No prestaba atención, porque seguía viendo tu foto en pareja, sonriendo. Y me decía a mí misma qué bien, que suerte cuando esto sucede, y todo va bien. Pero era mentira. Y cerraba los ojos y te veía... Como en una de las últimas fotos. Tan desmejorado. Aún sonriendo. Aún siendo el chico perfecto; al que ya no le quedaban oportunidades.

Mientras escribo, estamos a mediados de agosto. En el mismo lugar donde hace años me daban otra mala noticia, y yo intentaba dársela a mi hermana por teléfono... Es ella la que ha puesto esta canción. Y sin querer, la he asociado a todo esto. Algunos días, la melancolía de otros es contagiosa...



Tormenta en la mañana de la vida, de La buena vida.


Como me dijo una vez mi amigo Lorenzo, siempre recordaré lo que nunca hice. Este es uno de los mejores ejemplos que se me ocurre. Siempre recordaré aquel día en que no me acerqué a hablar contigo. Siempre recordaré que dejé que perdiéramos el contacto. Siempre recordaré que ahora es demasiado tarde. 

Este verano (tan corto, tan raro), pensé que encontraría algo a lo que aferrarme, para no sentirme tan culpable. Pero creo que he perdido el interés por Ochandiano. Al verle con su sudadera de los Misfits, pensé que te habría caído bien. Y volví a pensar en ti. Y me olvidé de todos los demás. 

Me olvidé de Igual de perdidos, de El chico de la ventana de al lado, El chico de los puntos suspensivos, El chico que me hizo reír, de Fito, de Jueves, del que siempre será Lo nunca conseguido, del que fue Lo que pudo ser y no fue, del que ya no me importa, de los que se quedaron en Cittàgazze y ya apenas recuerdo sus nombres... En fin, de todos los amores imposibles, que me han hecho sufrir un poquito, y disfrutar muchísimo. Porque me quedo con lo bueno. Porque perdono, olvido y sigo hacia delante, quedándome sólo con el escalofrío que me provocaron al estar cerca de mí. Porque me encantan los escalofríos. 

Y siempre recordaré el que tú me diste. Y lo haré sonriendo. Y volveré a los mismos sitios en los que estuvimos los dos, aunque haya sido en mundos paralelos.




Aquí termina todo... Termina otra etapa. Termina Agosto. Termina un verano extraño. Termina otro viernes. Y termina otra Viernes.

Venga, pedid otra copa, que aún es pronto para volver a casa. Quedaos, aprovechad el buen tiempo, y mirad cómo otra noche estrellada, da paso al amanecer del sábado. 

Puede ser un gran día.

sábado, 30 de junio de 2012

Siempre es una buena idea

Tener un plan b.

sábado, 16 de junio de 2012

Eloísa está debajo de un almendro

Siempre hay que volver a los clásicos y recordar lo que más nos gusta de ellos.

Y si conoces a los actores, ese recuerdo mejora.

lunes, 11 de junio de 2012

Ya me he ido

Tal vez sigo aquí. Pero me he ido.

Y esta vez, me será más difícil volver.

domingo, 10 de junio de 2012

La Reina de las Nieves

El abuelo y yo habíamos hablado muchas veces de lo inteligentes que son los animales, mucho más que nosotros en algunos aspectos. Me había hecho él fijarme en cómo acostumbran a sus crías a buscarse la vida por sí mismas apenas se desprenden físicamente de ellas; en fin, que las dejan caer, Mauricio, cómo dirían los guaranís. Hala, a volar, yo te he dado la vida, ¿no?, pues ahora ahí tienes el mundo para recorrerlo y hasta para equivocarte de camino, la aventura corre de tu cuenta. Y los hombres, en cambio, tan avasalladores y soberbios son que hasta a los animales pretenden domesticar y meter en una jaula, como si les quisieran dar lecciones, no les basta con fastidiarse ellos unos a otros.

Desde niña me había puesto en guardia el abuelo no sólo contra el excesivo apego a las cosas sino también a las personas. Los seres humanos se estorban unos a otros al entrelazarse, decía, igual que los árboles, cuando crecen demasiado juntos, no dejan pasar la luz a su través. "Pueden llegar a asfixiarse, hija, de tanto quererse, lo mismo que te esclavizan las cosas cuando te tomas demasiado en serio el papel de propietario."

La reina de las nieves, de Carmen Martín Gaite.

viernes, 25 de mayo de 2012

Adelante Bonaparte

Hay conciertos que no puedo perderme, como el fin de la gira de Adelante Bonaparte. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de un concierto... Pero ahora queda el vacío que deja el Rooom.

Ahora sonrío al recordar la primera vez que les escuché y dije a mí esto no me gusta. Qué tontas somos las personas a veces. ¿Y todo lo que habría perdido al no dar otra oportunidad a este disco?

En fin, tendré que lidiar con el vacío que dejan los Standstill (de momento).

Ay niña que nos vaya bien...



La familia inventada, de Standstill.

viernes, 4 de mayo de 2012

Cosas que hoy decíamos

Tres relaciones en tres restaurantes. Tres relaciones de mierda. Tres relaciones que desde fuera parecen ridículas, del tipo de yo nunca estaría con esa persona ni pasaría por eso.

Tres relaciones de mierda, que reconoces según avanza la obra. 

Pero te ríes, porque verlo desde fuera es mucho mejor. Te libera saber que ya no tienes que lidiar con falsos romances, con envidiosos que creen que deben manejar tu relación, ni con el descontrol, ni la desesperación que, a veces, provoca la infidelidad.



Things we said today, de The Beatles.

domingo, 22 de abril de 2012

domingo, 8 de abril de 2012

Yo decido

...A quién le muestro mis lágrimas.




Alerta, de Amaral.

lunes, 2 de abril de 2012

Quedará hoy

No sé por qué he escogido el día de hoy. Tal vez han sido las casualidades, que han venido todas juntas. La primera, ya en el andén, he abierto el bolso y no llevaba el libro. Parecerá una tontería, pero es uno de los pocos vicios que no he podido controlar, así que antes de dar la clase, me ha dado tiempo de comprarme uno.

El libro elegido ha sido una que me rondaba desde hacía tiempo. Desde que me hablaron por primera vez de las personas tóxicas, y a los pocos días lo vi en un escaparate. El libro que en cada página que iba pasando, me daba una bofetada y me decía tonta, ¿ahora de das cuenta de cómo funciona esto?

Mientras leía, iba dispuesta a consultar precios y diseños para un tatuaje. Ha sido decir "Hola", y sin saber cómo, continuar diciendo "he venido a tatuarme, ¿está Juan?". Sí que estaba y no iba a tardar mucho en hacerme lo que tenía pensado. Me he sentado, y ha empezado a sonar la versión de Diana de los Misfits, mezclada con el ruido de la aguja.

- ¿Qué tal?

- Bien...

- Puedes decir la verdad, en esta zona duele.

- Se aguanta bien, pero no recordaba que los tatuajes anteriores me hubiesen dolido tanto como este...

- Es el cerebro... Tiene capacidad para borra el dolor. Cada vez que vuelvas, pensarás "si no me había dolido nada"... Nos engaña, para superarlo. Es un mecanismo genial, ¿no?

Y entonces me he dado cuenta de qué día era.

Algo menos de una hora después, salía igual de decidida, con el brazo ligeramente dolorido. Pero eso mañana no me importará. Ni lo recordaré. Sólo quedará lo bueno.

Quedará hoy.

jueves, 29 de marzo de 2012

No digas que fue un sueño

[Lawrence Alma-Tadema]


Y todos pudieron oír las palabras que, después, han recogido tantas crónicas:

- Marco Antonio ha tomado esposa en Roma.

Por tres veces tuvo que repetir la noticia, con tanta furia le zarandeaba Cleopatra, con tanta violencia le acusaba de arrojar calumnias sobre el amado. Y así es la fragilidad de las víctimas del amor. Pues jamás hubo amante abandonado que creyese en su suerte cuando ésta se le anuncia de improviso. Por tres veces deberá crecer el padre Nilo, y tendrán que agotarse muchos plenilunios en los cielos, para que el amante comprenda que el final fue definitivo y, una vez asumida esta verdad, decida darse muerte como muchos o acepte seguir viviendo con sus heridas abiertas, como todos.

No digas que fue un sueño, de Terenci Moix.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Me asaltan las dudas

No sé si soy yo la que tiene problemas para relacionarse con los demás, o son los demás los que tienen problemas para relacionarse conmigo.

Me gustaría saber qué les pasa por la cabeza.

De nuevo, vuelvo a decir ya está bien, ya basta.

Aunque mi concepto de amistad nunca se había centrado en decir que no... Me niego a terminar siendo una amargada, por soportar la amargura de otros. Prefiero tener pocos, pero buenísimos amigos.